Ecocinismos
José Alberto Cuesta
Biblioteca Buridán. Barcelona, 2011.
454 páginas. 25 euros.
De José Alberto Cuesta (Palencia,
1976) ya conocíamos una parte de su llamada a la acción con su anterior libro, Filosofía cínica y crítica ecosocial,
donde ya daba pasos a seguir en la tesis que defiende, de lo más original que
podemos encontrar actualmente, analizar las crisis actuales desde la
perspectiva de la filosofía cínica antigua para dar un paso responsable. Un
paso que es el único que se puede dar, el del sarcasmos cínico, quínico.
En aquel libro presentaba, como en
este, las similitudes entre el Helenismo y la sociedad contemporánea para
defender las similitudes entre ambas y que, por lo tanto, si el cinismo surgió
y propuso soluciones en aquel contexto, en las circunstancias actuales ocurre
un tanto de lo mismo. Para esto, el autor propone cuatro modos, cuatro bases
filosóficas del cinismo antiguo que bien pueden jugar un papel clave en la
actual coyuntura: vivir conforme a la naturaleza, invalidar la moneda en curo,
el cosmopolitismo y la parresía.
Ecocinismos
es un estudio más aumentado y aún más social si cabe que el anterior Filosofía cínica y critica ecosocial.
Como afirma Carlos García Gual en la elogiosa reseña que apareció en El País a
principios de julio, “es muy atractiva la evocación del desafío ejemplar de los
cínicos griegos, Diógenes y su pandilla, maestros del sarcasmo y la provocación
contra las pompas y trampas de la civilización.”
En los últimos años ha habido una
revitalización de la filosofía cínica, que nunca ha dejado de estar en el
imaginario y actitudes descreídas de los más críticos durante todos los
tiempos, y el libro de Alberto no es un ejemplo aislado. Ahí están el propio
García Gual, Sloterdijk, Nussbaum, Riechmann y un largo etcétera de los que el
autor no podrá dar buena cuenta. La originalidad de su trabajo, sin embargo,
radica en lo que él llama la “Aplicación ecocrítica del instrumental cínico”, que
ocupa toda la segunda parte del libro. Son una serie de pasos en los que el
lector puede encontrar las herramientas necesarias para hacer algo, buscar una
solución. El fin último es encontrar una posibilidad de subsistencia real y
justa, una “economía ecológica” en sus palabras. Una revisión de las verdaderas
necesidades humanas y una demostración de que el ritmo económico actual es de
todo menos sostenible.
El libro se divide en dos partes.
En la primera, Cuesta nos lleva por un “Recorrido histórico y recopilación de
herramientas cínicas”. Se demuestra aquí la tesis del paralelismo histórico
entre el Helenismo y la sociedad actual, se explican las bases filosóficas del
cinismo antiguo repasando a sus tres autores principales y repasa por último la
pervivencia del pensamiento cínico a lo largo de la historia de la filosofía.
La segunda parte es, como he dicho,
la aplicación de todo esto en la actualidad. Tomar esa caja de herramientas
para ir a la crisis contemporánea como un fontanero que va a arreglar las
cañerías a una casa. Llama la atención la revisión de temas de actualidad
pasados por el martillo de esa caja de herramientas en el último punto del
libro. Conceptos como “economía sostenible”, “partidos verdes” o “crisis
alimentaria” (tal vez el más alarmante y dramático de los temas tratados en el
libro) son tratados desde esta perspectiva llegando a dar la vuelta al Síndrome
de Diógenes.
Pero José Alberto Cuesta no es
tonto, y pese a que su libro está lleno de ideas geniales y originales no es un
optimista a toda costa. Sabe, y lo afirma en el libro, que, aunque necesarios e
importantes, los cambios en las esferas éticas, económicas y políticas son más
que improbables. Sin embargo, hay que aplaudir el valor y la parresía de Cuesta. En sus palabras
mejor: “En ningún momento se aboga por la instauración de una sociedad cínica,
ni por un seguimiento dogmático de sus principios que pudiera dar lugar a algún
tipo de totalitarismo intolerante.” Y más adelante: “debemos variar nuestro
destino antes que cambiar el destino del mundo y trabajar sobre lo probable con
la mirada puesta en conseguir lo improbable” (pp 438 y 439).
En definitiva, el autor ha
consolidado un trabajo y una forma de pensar, nos ha dado una serie de
herramientas para vivir buscando lo único que debe buscar el humano, la felicidad.
Ésta no está, como ya sabíamos, en el consumo desbocado y en no atender a las
consecuencias de nuestros actos, más bien en lo contrario. No está de más que
se nos recuerden estas cosas, cada vez es más tarde para aplicar las soluciones
al problema.
Juan José Mediavilla
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