lunes, 6 de abril de 2009

Mal de escuela

-->
Mal de escuela
Daniel Pennac
Trad. Manuel Serrat Crespo
Random House Mondadori. Barcelona, 2008. Premio Renaudot 2007
255 páginas, 20’90 euros

La institución de la escuela, un paso por el que todos debemos pasar desde hace casi un siglo, es, con la familia y los medios de comunicación de masas, el más importante medio de socialización. En un país donde existe más de un veinte por ciento de fracaso escolar, un libro como este, basado en esos “zoquetes” que «no pueden», «que no lo consiguen» (expresiones repetidas constantemente en el libro), tiene por obligación decirnos algo que nos interese, por mucho que hable de estudiantes y escuelas francesas.

Lo interesante es que Daniel Pennac, cuando era Pennacchioni, también era uno de esos “zoquetes” de los que habla, tampoco «lo entendía» ni «lo conseguía». El proceso de cambio por el que se convierte, ya adulto, en un profesor de lengua francesa que logra un asombroso éxito con los alumnos más difíciles es uno de los temas tratados en este libro, mitad ensayo mitad novela. La voz principal, ora protagonista de las historias, ora narrador omnisciente, se desdobla y juega con el lector el juego de la educación, con una prosa rica en invención y fluidez intelectual que ya nos mostrara en obras como Como una novela (Anagrama, 1993).

La diferencia entre el zoquete que fue Pennac y los actuales es, según el propio autor, el consumismo, el marketing constante en la sociedad actual. Se pasa del alumno sin más al alumno cliente, «que accede a la propiedad sin contrapartida» (pág. 239), que no ingresa pero consume, que cree que son los profesores los que le comen el tarro cuando, en palabras de Pennac, son los que intentan liberarlos de la comedura de tarro en la que los tienen las grandes marcas, el esclavismo del consumo, del estar a la última, de las cosas efímeras e inútiles. Hay en esta parte del libro reflexiones que bien valdrían para recordarlas cada mañana.

Antes de dar sus últimas conclusiones, no es lugar este para desvelarlas, el autor sentencia: «El gran defecto de los profesores sería su incapacidad para imaginarse sin saber lo que saben» (pág. 246). Yo añadiría muchos otros defectos, y si me parase en ejemplos específicos podría desollar a algún que otro docente. Pennac ha hecho con este libro una apología de la escuela como debería ser, o como debería de ser, sin culpar a nadie y proponiendo soluciones. Son temas ya tratados, pero vale la pena volver a pensar en ellos. Todos los días si hace falta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario