lunes, 4 de mayo de 2009

Pero sigo siendo el rey

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Pero sigo siendo el rey
Carlos Salem
Salto de Página, Madrid, 2009
346 páginas,  21’95 euros



Carlos Salem (Buenos Aires, 1959) vuelve con su tercera novela en la que repite, esta vez como protagonista, uno de los secundarios de las dos anteriores: José María Arregui, un detective que empieza la novela “frenado” y que la termina arrancando. Salto de Página ya había publicado sus dos anteriores libros: Camino de ida (2007) y Matar y gardar la ropa (2008). Hacer una novela policiaca requiere, además de la pericia narrativa suficiente, soportar las comparaciones con otras de su estilo. Y esto no afecta solo al argumento y a la narración, si no sobre todo al personaje principal. El mentado Arregui resulta ser una rara mezcla que logra la complicidad con el lector gracias a guiños o estereotipos que antes hemos visto en otros: bebida recurrente, actitud moralista-perdedora, pasado turbio y un largo etcétera de elementos constituyentes. Está claro que no llega a la altura de los grandes, pero tampoco lo pretende. Durante la novela se recalca esta cuestión y el propio protagonista se compara con alguno de los mitos literarios que lo preceden.

La trama de la novela exige algo más del lector que el típico pacto ficcional. Juan Carlos I, rey de España, ha desaparecido dejando una extravagante nota y el detective, que ya salvó la vida del monarca en otra ocasión y cuenta con su total confianza, va tras él para rescatarlo de las garras de una banda de conspiradores que les pisan los talones durante todo el libro. Carlos Salem juega con la realidad de modo que todo parece real cuando sabemos que es ficción. El hecho de que el rey de España parezca como personaje de una novela resulta, una vez puesto en escena, menos violento de lo que cabría esperar. Una vez dentro de la novela, queda en manos del lector dejarse llevar por una trama que nos presenta la intimidad de un rey el cual, si no fuese por la literatura, no podríamos llegar a conocer. Parece que está escrito para que un republicano cualquiera se haga monárquico a base de leer lo majo que es ese tal Juan.

Salem demuestra que su trabajo literario está bien fundamentado, sobre todo en las escenas más humorísticas o trepidantes, donde logra párrafos de calidad. Pero es en las de acción donde se ven más claramente sus deficiencias narrativas, cayendo en tópicos extraídos de la literatura negra que se hacen bastante previsibles. En la tercera parte del libro, pasa de la primera a la tercera persona para narrar los hechos, cosa que se explica muy por encima y si mucha convicción.

Resultará al lector una novela divertida, hilarante en algunas ocasiones y sin más pretensiones que el entretenimiento sin muchas reflexiones, pues en las partes donde podría haber hecho su mejor prosa o sus pullas más directas a un sistema corrupto, pasa por encima sin querer meterse en berenjenales por miedo a no poder salir. Resulta anecdótico que precisamente sea el miedo uno de los temas que más se menciona en esta novela y al que se vuelve sin parar.

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