lunes, 16 de noviembre de 2009

Deseo de ser punk

Deseo de ser punk
Belén Gopegui.
Anagrama. Barcelona, 2009.
187 páginas, 15 euros.



Dice el profesor Ricardo Senabre que se observa en las últimas novelas de Belén Gopegui (Madrid, 1963) «una evolución desde la frondosidad compositiva hacia una aparente y casi esquemática sencillez» (El Cultural, 11/09/2009), y Ramón Chao se sorprende «Pero quién lo hubiera dicho! Tan recatadita ella, tímida, introvertida, resulta que Belén Gopegui sintió un día inclinaciones transgresoras» (Le monde diplomatique en español, nº169, noviembre de 2009). Todo esto queda más que demostrado en este Deseo de ser punk, novela que es un manuscrito adolescente y nos sirve como imagen psicológica de Martina, protagonista y narradora. Se podría comparar con alguna novela protagonizada por adolescentes de su edad que han aparecido en los últimos años en nuestra literatura (cabe pensar en Saber perder, de David Trueba), pero ninguna ahonda como esta en el mundo de la adolescencia femenina ni tiene la fuerza que el “rock and roll” le da tanto al libro como a su protagonista.

Deseo de ser punk es el manuscrito que Martina escribe en un cuaderno (dispuesta a rellenarlo hasta el final) que está dirigido a otro personaje. En él la protagonista disgrega todos los valiosos argumentos de su juventud y repasa de una manera sorprendentemente lúcida todo el entramado de su personalidad. La maestría narrativa de Gopegui queda probada en cada párrafo, sabiendo crear una narradora más que creíble. Las contradicciones de sus argumentaciones y su lucidez valiente pertenecen a las de su edad, y la autora ha sabido reflejarlas en un trabajo encomiable de destreza literaria. Martina sufre un repentino revés en su vida el 4 de diciembre que hará que empiece tomar ciertas decisiones y giros que no serán otra cosa que un aprendizaje de la vida.

Los recursos narrativos nos llevan a otras obras memorables narradas por adolescentes, como El guardian entre el centeno o El viaje de Teo por citar solo dos. En todas ellas el motor es la experiencia iniciática, el paso de la infancia a la madurez, la omprensión, como dice la propia Martina, de que los adultos y los jóvenes son la misma cosa, que los mayores no pertenecen “a otra especie, no tenia poderes, no sabía muchísimas más cosas de las que yo sabía sino sólo unas cuantas más.” (pág. 148)

Juan José Mediavilla.
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