viernes, 6 de noviembre de 2009

La muerte de Bunny Munro

La muerte de Bunny Munro
Nick Cave
Traducción de Miquel Izquierdo
Papel de Liar. Barcelona, 2009
237 páginas. 22 euros

Nicholas Edward Cave (1957), más conocido como Nick Cave, presenta su segunda novela traducida al español —aparte de estos dos libros, los lectores podrán encontrar en su versión original dos novelas más y colecciones de poemas y letras de canciones. El oscuro y prolífico artista ya nos ha dejado muestras de sus talento con discos memorables como From her to the eternity (1984) o en versiones de temas famosos como el Tower of song de Leonard Cohen junto a su banda The Bad Seeds, un mito viviente de la música underground, y también en guiones de cine, bandas sonoras, pinturas y un largo etcétera. El australiano parece no responder a ninguna ley del espectáculo, y ningún cliché —por mucho que pueda parecer lo contrario viendo una foto suya— lo contiene. La muerte de Bunny Munro es uno de esos libros en los que el lector encontrará algo en lo que pensar, un personaje que lo acompañará siempre y una buena forma de pasar las tardes del otoño que va llegando.

Si en su anterior novela, Y el asno vio al ángel (1989; 1991 en la edición española), encontrábamos a un autor en quien la generación beat americana (Bukowski, Burroughs, Gingsberg o Kerouac) había dejado unas buenas huevas que estaban en su fase de larva, ahora encontramos a una narrador que cuenta con los recursos necesarios como para adentrarse en el extraño protagonista de la novela y ahondar en todos los intersticios de su personalidad y su mente. Ofrece al lector de esta forma, al excéntrico personaje (uno no puede dejar de acordarse del propio Cave) Bunny Munro. En el libro el lector no sabrá su profesión hasta la segunda parte, aunque la contraportada, como suele ocurrir, ya se encarga de romper el ambiente de la narración. Tenemos pues a un alcohólico, fumador compulsivo, en lo que parece un estado permanente de erección y en busca de todas las vaginas de la ciudad que se verá conducido a un mar de alucinación en el que navegará a la deriva con su hijo de nueve años y un Fiat Punto amarillo lleno de cagadas de gaviota.

El estilo narrativo de Cave sigue el de sus anteriores trabajos, con el poso que dejan las horas de lectura de literatura americana antes mencionada. El tema del antihéroe puro y su decadencia; terminar las frases con “y todo eso”, “y esas cosas”, “o algo así”, son recursos que ya hemos visto en autores arriba dichos y buscan una complicidad con el lector que Cave consigue desde la primera página, llevándonos junto a ese maníaco, mangante y acabado personaje por la senda del delirio más absoluto. Una novela para gente que tenga estómago corazón y cerebro porque va dirigida a todas esas vísceras.

Juan José Mediavilla
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