viernes, 15 de enero de 2010

El cuarto oscuro de Damocles

El cuarto oscuro de Damocles
Willem Frederik Hermans
(Traducción de Catalina Ginard Féron)
Tusquets, Barcelona, 2009.
385 páginas. 19 euros.



La editorial Tusquets se ha propuesto reeditar unos cuantos libros del autor holandés Willem Frederik Hermans (Amsterdam, 1921-Ultrecht, 1995), uno de los más importantes escritores holandeses y desconocido por completo para el público español. Se agradece pues, esta visita al pasado más reciente de las letras europeas entre tanta novedad insulsa que campa a sus anchas por las librerías (excepciones hay, como en todo). Un redescubrimiento como este es digno de aplaudir, y esperamos, después de la lectura de esta asombrosa El cuarto oscuro de Damocles, la aparición de No dormir nunca más, que la editorial prepara para los próximos meses.

En la ocupación nazi de Holanda, Henri Osewudt, estanquero e hijo de una madre desequilibrada que ha matado al padre, vive al margen de la vida política y bélica de su país. Todo cambia el día que recibe la visita del misterioso Dorbeck, un personaje que se parece a él como el negativo de una foto se parece al positivo (pág. 31), le dice su mujer a modo de insulto. A partir de entonces Osewudt empieza a colaborar con la resistencia y cumple con misiones cada vez más peligrosas, siempre animado y dirigido por el escurridizo Dorbeck. La trama verdadera comenzará cuando la guerra termine. Osewudt es apresado por los aliados y acusado de múltiples crímenes, algunos de los cuales ha cometido Dorbeck. Tendrá que luchar por su propia identidad, por demostrar una verdad tan resbaladiza como Dorbeck.

De donkere kamer van Damokles en su título original es una novela sobre la ambigüedad de las personas en su lucha por la supervivencia en tiempos de guerra. Una novela profundamente psicológica que nos hará siempre buscar lo objetivo de los que cuenta para luego contrastarlo con lo subjetivo del personaje, a fin de ser sus jueces en un final contra sí mismo. Es una lucha contra la locura, una guerra abierta a favor de la dignidad a la que se le enfrenta la mentira. Hermans logra con la tercera persona un relato personal y siempre pisando la frágil línea de la omniscencia.

En torno a estos dos personajes, Osewudt y Dorbeck, gira una historia esquizofrénica en la que el lector verá cómo se pone a prueba algo que ni siquiera él mismo sabrá si ha leído de verdad. Las dudas sobre los propios actos y la necesidad de las pruebas físicas son los materiales con que el autor juega para elaborar la historia psicológica de Osewudt, un personaje que bien podría haber salido de las páginas de las mejores novelas existencialistas de Sartre o Camus. En ese cambio del ethos de vida anterior a la Segunda Guerra Mundial al de la posguerra, que ya anuncia pensamientos que veremos en los filósofos de los años sesenta, es donde Hermans practica la maestría de su literatura. Estamos ante una novela que deberíamos haber leído hace cuarenta años y que podría haber marcado a la crítica tanto como lo hicieron El tambor de hojalata o El extranjero, pero nunca es tarde.

Juan José Mediavilla
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