lunes, 22 de marzo de 2010

Viaje con Clara por Alemania

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Viaje con Clara por Alemania
Fernando Aramburu
Tusquets. Barcelona, 2010.
467 páginas. 20 euros.



Los libros de Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) son de aquellas obras que dejan un recuerdo en el lector que perdura más allá del mero argumento de la obra. Quien haya tenido el placer de leer su primera novela, Fuegos con limón (1996), sabrá de lo que hablo, pues todavía recordará al Pulcro Matallana, a Genaro Zaldúa o al propio Hilario Goicoechea. Lo mismo le ocurrirá con otras novelas como Los ojos vacíos o la genial El trompetista del Utopía. En cada una de ellas queda demostrado que Aramburu hace una prosa que difícilmente podemos encontrar en otros autores y que, ahora que muchos enmascaran su amarga falta de talento bajo el dulce sabor de la nocilla, el lector agradecerá. Este Viaje con Clara por Alemania viene precedido del laureado y reconocido libro de cuentos Los peces de la amargura, donde manifiesta, además de todo lo anterior, un compromiso inusual en los escritores de su generación.

En su nuevo libro, el donostiarra se aleja de la novela convencional para ofrecernos un viaje por Alemania en el que el narrador acompaña a su esposa, a la que han encargado escribir un libro de viajes, contándonos los sinsabores y las alegrías de su peripecia. El matrimonio recorrerá Alemania en coche, haciendo paradas en varias ciudades. La narración y la descripción en este libro se llevan a cabo en párrafos largos en extremo, con los diálogos insertados, que buscan el puntillismo de cada detalle y que muchas veces parecen el pujo narcisista de quien se sabe un genial escritor. En cuanto a la personalidad del personaje narrador, entra en muchas ocasiones y sin dificultad en la definición que algunos hacen de calzonazos, y luego el odioso “ratoncito” con el que apela ella a él.

Aramburu demuestra de nuevo que se pueden hacer las mejores innovaciones u ocurrencias estilísticas dentro de un manera de escribir vedada para pateadores del idioma. Pasajes memorables como su paseo por el barrio de las putas de Hamburgo, algunas de las conversaciones del matrimonio o los giros cómicos del narrador, hacen de la lectura una delicia, que habrá que paladear frase por frase. 

Juan José Mediavilla
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