lunes, 19 de abril de 2010

Bilbao - New York - Bilbao

Bilbao – New York – Bilbao
Kirmen Uribe
Traducción de Ana Arregui.
Seix Barral. Barcelona, 2010.
207 páginas. 19 euros.



La traducción de Bilbao – New York – Bilbao, Premio Nacional de Narrativa 2009 y Premio Nacional de la Crítica en 2008 antes de salir la edición al castellano, había creado la expectación lógica de un libro en euskera tan laureado. Kirmen Uribe (Ondarroa –Vizcaya-, 1970) hace su presentación en prosa de la mejor manera posible: rodeado de premios.

Repleto de guiños autobiográficos, estamos ante un libro de estructura compleja y fragmentaria en la que el narrador y protagonista pretende hacer un repaso por cuatro generaciones de su familia y por otras historias cercanas a él, para lo que se sirve de continuas analepsis y prolepsis y variados relatos de anécdotas. Como se ha dicho, la técnica fragmentaria es el punto de partida narrativo de esta novela y de la memoria, tema principal. El tiempo del relato transcurre en un viaje en avión desde Bilbao a New York (en el cuerpo del texto o al principio de los capítulos se van entremezclando cuadros con los datos del viaje) donde el narrador nos cuenta una multiplicidad de historias que demuestran lo bien que se desenvuelve Uribe en los espacios cortos, pues su prosa es precisa y las historias, en la mayoría de los casos, interesantes. Sin embargo, exceptuando las que más calado tienen en el conjunto de la historia, muchas pasan por ser simples fragmentos anecdóticos que deben mucho al estilo de su generación.

Habrá elementos que se repetirán en todas o casi todas las historias (la Guerra Civil, la isla de Rockall, el mundo del mar, la idea de viaje, etc) e historias que se repiten durante todo el relato (el arquitecto Bastida y el pintor Arteta, el barco Toki-Argia). El punto de partida de todas ellas es, según nos cuenta el narrador, la búsqueda del significado del nombre del barco de su abuelo, el Dos amigos. A partir de ahí, el autor nos va contando el proceso de escritura de la novela a la vez que la vamos leyendo, lo que le sirve para confrontar la realidad con la memoria (un ejemplo es el capítulo 6, pp. 45-50), la transmisión oral con las nuevas tecnologías (capítulo 10) para terminar concluyendo (las máximas que salen de las historias cortas son un ejemplo de la buena técnica de Uribe) que “lo más importante son las historias, sean verdad o mentira, o las dos cosas (p. 66). El proceso de novelar sus recuerdos y los de los suyos, queda descrito constantemente, como por ejemplo en la narración de las dudas que tiene al escribir (“quería hablar de mi abuelo, de mi padre, de mi madre. Novelar mi mundo, llevarlo al papel. Pero ¿cómo hacerlo? -p. 144-) o en la explicación que hace a una amiga editora de cómo será su novela: “… se estructuraría en torno a un vuelo entre Bilbao y Nueva York. El resto consistirá en hablar de tres generaciones distintas de una familia sin volver a la novela del siglo XIX. Expondría el proyecto de escritura de la novela, y fragmentariamente, muy fragmentariamente, historias de esas tres generaciones.” (p.136)

Está claro que no se trata de una saga familiar del siglo XIX, y que los fragmentos sirven de mucho para crear esta estructura compleja que el autor pretende, bien enlazados en la mayoría de los casos, aunque a veces injustificados por la poca aportación a la historia. Historias que llevan a otras y que llevan a otras. Una novela como la memoria, que también tiene fragmentos aparentemente injustificados. Un autor prometedor al que habrá que tener en cuenta.

Juan José Mediavilla
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