miércoles, 19 de mayo de 2010

La estrategia del agua

La estrategia del agua 
Lorenzo Silva 
Barcelona. Destino, 2010. 
380 páginas. 18,50 euros. 



Vuelven por sexta vez los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro, después de casi cinco años sin que sus lectores tuviesen noticias de ellos. Lorenzo Silva (Madrid, 1966) ha ido picando de los más dispares motivos y técnicas narrativos y así nos ha ofrecido títulos tan dispares como La flaqueza del Bolchevique, El nombre de los nuestros o El blog del inquisidor. Pero a pesar de demostrar pericia en todos estos registros, han sido el brigada Bevilacqua y la sargento Chamorro quienes le han dado sus mejores éxitos de ventas. La estrategia del agua vuelve por los mismos pasos que sus precedentes en la saga: sencillez narrativa, diálogos rápidos y agudos, españolismo y referencias a la realidad más cercana y actual. 

Con la aparición del cuerpo de Óscar Santacruz, un padre divorciado con una vida aparentemente normal, con dos tiros en la nuca, al parecer dados por un sicario, empieza la historia. Nada encaja pero irá encajando. La Guardia Civil cada vez utiliza menos los expeditivos medios de antes (hay dos o tres referencias a la película El crimen de Cuenca como ejemplo de lo que ya no se hace en el Cuerpo). En la novela aparece como un colectivo reformado, lleno, en el peor de los casos, de fachas majetes, que al final terminan por caer bien al lector; aunque utilicen términos políticamente incorrectos como “morito”, u otros despectivos contra colombianos, búlgaros y demás nacionalidades. O precisamente por eso. No hay remedio. El brigada Bevilacqua es un House de las letras españolas (hay referencias tanto a ésa como otras series de éxito actuales), siempre con la agudeza en la boca, la frase ingeniosa, el corte exacto, el hartazgo de la burocracia de su trabajo. 

Es precisamente en los diálogos donde Lorenzo Silva muestra lo mejor del libro, que desfallece en muchas ocasiones en los párrafos en primera persona del brigada, monólogos interiores con reflexiones simplonas o manidas, rozando de vez en vez el sentimentalismo barato. El favor que le hace al prestigio del benemérito cuerpo y la agudeza de los diálogos son los mejores baluartes que puede tener esta saga. Este libro continúa en esos senderos y afianzará a sus fieles lectores. 

Juan José Mediavilla
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