martes, 11 de mayo de 2010

Las teorías salvajes

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Las teorías salvajes
Pola Oloixarac
Alpha Decay. Barcelona, 2010.
275 páginas. 19 euros.



La porteña Pola Oloixarac (1977), alter ego con el que se juega en ocasiones en la novela, ha entrado este año como una apisonadora en el mercado literario español. Portada en revistas literarias más o menos alternativas, reseñas favorables por doquier, presentaciones por todo lo alto, dos ediciones en un mes. Y justificado, pues quien lea estas Teorías salvajes no podrá quedarse igual, estamos ante una obra total que, a la vez que abre nuevos caminos narrativos, pone a su autora entre los mejores de su generación.

Una multiplicidad de historias y de puntos de vista narrativos (desde el narrador omnisciente hasta la primera persona con continuas referencias a una segunda, el profesor García Roxler), oscurantismo y barroquismo, plenitud de datos y verborrea intelectual, erudita, son las claves formales de la novela. En la primera parte de las tres que la conforman, la autora nos presenta las tres historias principales: la de Pabst y Kamtchowsky, una pareja de jóvenes que se debaten entre el ostracismo y la genialidad; el profesor Van Vliet y sus discípulos, que a principios de siglo propone una teoría que será olvidada y que explica la totalidad del comportamiento humano; y la contada en primera persona, en el ya dicho juego de personalidades tras el que se esconde la identidad de la autora, una joven que no se presenta hasta el capítulo cinco y que vive obsesionada por su profesor en su apartamento con su gato Montaigne y su pez Yorik —el libro está plagado de referencias literarias y filosóficas de las que estos nombres son solo un ejemplo.

La segunda parte es el verdadero eje de la novela, pues en ella se expone, más o menos claramente, toda la teoría de Van Vliet sobre la que giran las historias. La teoría de las transmisiones yoicas es su nombre y solo la podemos intuir, por ejemplo en la escena que comparten, años después de la desaparición del maestro, los dos discípulos Fodder y Fisher: «A Evelyn, la señora de Fodder, el asunto de la psicología como prehistoria y los ciclos de transformaciones rituales en fieras —donde los dioses de las religiones representan la huella de los animales salvajes— le importaba poquísimo» (p. 184). Desentrañar la teoría a través de las historias propuestas por la autora, todas abiertas desde un principio, será trabajo del lector, al que, de este modo, Oloixarac demuestra su complicidad y su respeto.

En la tercera parte se centrará en las historias del tiempo presente, las de Pabst y Kamtchowski, que pretenden el diseño de un videojuego que servirá para mucho más que el entretenimiento de sus usuarios. Todo en la novela quedará inserto en tres mundos, tres tiempos: el de preguerra mundial, el de los movimientos revolucionarios argentinos de los 70 y el actual, un triángulo en el que entran las diferentes perspectivas de sus vértices sobre los usos del sexo, la intelectualidad, la personalidad, el yo frente a su mundo.

La autora argentina propone un libro total, holístico, lleno de ingenio y aciertos, caótico y abierto. La inteligencia siempre llevada a su máximo extremo (desde la demencia hasta el abismo pasando por el entendimiento) es el tema de una novela maravillosa que nos anuncia a una autora de la que ya queremos más.

Juan José Mediavilla
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