miércoles, 15 de diciembre de 2010

Hilo musical

Hilo musical
Miqui Otero
Alpha Decay. Barcelona, 2010.
301 páginas. 19 euros.



La literatura pop, con sus referencias culturales y sus registros, ha venido dando en los últimos años títulos de importancia y relevancia. Cabe destacar, además de las más famosas, a los músicos de este estilo que han hecho su pinitos en la literatura, como Nick Cave, o referentes culturales de movimiento como periodistas o críticos. En este caso es precisamente un periodista, Miqui Otero (Barcelona, 1980) quien nos presenta su primera novela, Hilo musical, una historia de amor que nos invita a un viaje caótico y a la deriva por un mundo, el nuestro, lleno de disfraces y música que no se escucha.

El protagonista de la historia, Tristán, un joven tímido y sin gracia, siempre dispuesto a contestar con algo que no debe o a preguntar lo más inoportuno, huye de su trabajo de vigilante de seguridad al principio de la novela y recala en Villa Verano, un complejo turístico del levante español en el que los turistas llevan pulseritas y los trabajadores están obligados a ir disfrazados de animales para entretener al personal. Bajo unas condiciones de trabajo nefastas, la plantilla de Villa Verano trama una acción directa contra los jefes de todo el tinglado que será el culmen de esta trama la novela. La otra, la amorosa, se resuelve satisfactoriamente con Alma («Joder, ¿pero cómo puedes estar tan buena?», acierta a decir finalmente nuestro protagonista —p. 289)

El registro de la novela, como he dicho, corresponde perfectamente con el de la literatura pop, con todas sus regencias posibles (cómic, melanomanía, verborrea de datos, series de televisión, etc.), pero el personaje parece en ocasiones tan ajeno a todo ello que resuta un oasis de demencia en el desierto popular, lleno, como se ha dicho, de «música que no se escucha». Estas referencias culturales surgen de las páginas a modo de metáforas y comparaciones, todas, casi invariablemente, introducidas por la conjunción “como”: «como la cresta de alguno de esos dragones que desafían alguno de los precipicios de las islas galápagos» (p. 15), «Como antes de un parido importante» (p.116), «como en la defensa de El Álamo» (p.276), «como el tipo que llega al trabajo y resulta que lleva zapatillas de andar por casa» (p.286) y un largo etcétera. Sin embargo, en otras ocasiones, Otero encuentra las palabras adecuadas y demuestra, con buen oficio literario, que es un buen escritor, como por ejemplo cuando explica el título del libro en varias partes de la novela; en una de estas: «…los estudiantes que ensayan escalas musicales hacia arriba y hacia abajo una y otra vez, me devuelven al infierno del hilo musical, al oír sin escuchar, a la música sin música, sin rayo» (p.292). Además, cabe añadir el buen uso del recurso del humor, la ironía aplazada y otros muchos que despliega el autor.

La música es uno de los temas principales del libro. El personaje de Nemo (cuyo nombre real es Inocente), un alcohólico que trasiega Magno en El Submarino, un bar de Villa Verano, no para de dar lecciones de grupos olvidados y de la vida en general y, sobre todo, collejas a nuestro protagonista. («Nemo es así: dice palabras que no le pegan sólo porque le gusta cómo suenan; suelta frases enteras en algo parecido al inglés o incluso al alemán aunque aseguro [sic] no haber tenido un libro nunca delante.» —p.98).

Alma, Nemo y los trabajadores del macrocomplejo hotelero (una suerte de locos, pirómanos y gente acabada) gravitan en torno a un personaje desdibujado por las inclemencias de las circunstancias. Tristán no es héroe ni antihéroe, no tiene determinación ni motivaciones hasta que se da cuenta de que el hilo musical está ahí, hasta que escucha lo que los demás solo oyen. Hilo musical es una lectura entretenida, ágil y reveladora de un autor que parece saber lo que escribe. Gusta encontrar libros así cuando uno va a la librería,

Juan José Mediavilla
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1 comentario:

  1. En cuanto termine los exámenes, buscaré este libro... Muchas gracias, como siempre, por la recomendación.
    Un abrazo salmantino de Trementina.

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