domingo, 2 de enero de 2011

Alba Cromm


Alba Cromm
Vicente Luis Mora
Seix Barral. Barcelona, 2010.
262 páginas. 17 euros.



Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970) ha escrito una revista. Y como le parecía poco ha escrito otra. La primera, Upman, recurso narrativo para contar la historia de su novela Alba Cromm. La segunda: Quimera 322, un conjunto de artículos, críticas y narraciones con varios pseudónimos y robos de identidad.

En septiembre de 2010 aparecía, con la puntualidad característica, el número 322 de la revista Quimera. Poco después, esperando reacciones y no encontrándolas, en el blog del autor, éste anunciaba que había escrito este número «desde la primera hasta la última línea», inventándose autores y personajes para las entrevistas, críticas literarias de lbros que no existen (incluyendo una visceral autocrítica, no sabemos hasta qué punto en broma) y, en definitiva, creando un engaño, un hoax (que era el monográfico del número) que nadie supo ver. Él mismo la considera una de sus obras, y no es para menos. Estamos ante un engaño que ha pasado un tanto desapercibido por cierta crítica que no sabe o no quiere ver los derroteros de la literatura actual y también ante unos textos de calidad, variedades de registro e imaginación ejemplar. Pero sobre todo un engaño, ahí están, ya lo han dicho en otros blogs, los autores falsos en los buscadores de artículos.

Alba Cromm juega a lo mismo. Publicada unos meses antes la obra, el libro, el texto, la navegación por caudales literarios solo surcados antes por ciertas literaturas (si uno se pasa por la sección juvenil de cualquier librería podrá encontrar juegos parecidos e incluso más arriesgados) es el número de noviembre de un año futuro no especificado de la revista Upman. En su décimo aniversario la publicación dedica un amplísimo dossier (263 páginas que, echando cálculos en tamaño revista vendrían a ser la mitad, pedazo revista) a la subcomisaria Alba Cromm, quien acaba de terminar la investigación de un mediático caso de pederastia. Esta es la historia. Pero no es lo importante, lo es la forma. Mora pone a su servicio una historia desmenuzada, multiperspectivista y finalmente efectista y previsible. Ya se ha dicho, no es lo importante, y el propio autor lo sabe: «por qué no, si la disposición no es lo que importa» (p. 22)

Sorprendente también s la visión que Mora tiene del futuro más cercano, reflejado en los anuncios de la revista, que va insertando de vez en cuando, y en los artículos fuera del dossier Alba Cromm: venta de niños, reivindicación del machismo, medidas de seguridad extremas, etcétera. Nada de novedoso tiene y la conexión del libro con la red, pues muchos otros lo vienen haciendo desde que se instauró Internet, pero cabe destacar la elaboración de blogs y páginas que completan el libro.

En cuanto al personaje principal, Alba Cromm, estamos ante una mujer herida en las misiones españolas en Kosovo, extremadamente huraña y volcada en su trabajo hasta la extenuación, hasta la patología, como se verá en el libro. Por lo demás, no resulta un personaje suficientemente claro, debido entre otras cosas a que está dibujado por medios no habituales. También aparece continuamente en el lector la imposibilidad de creerse que lo que está leyendo es una revista (por mucho que se explique al principio del libro que «la especificidad y longitud del Dossier Alba Cromm nos ha hecho alterar de forma notable el diseño habitual de nuestra revista» —p. 17— y presentarla en el formato que el lector reconoce como novela) si no es por los anuncios insertos antes mencionados u otros escasos reportajes fuera del dossier.

Lo dicho. Vicente Luis Mora ha escrito dos revistas, que sepamos. Habrá que leer bien a fondo el nuevo número de Telva o de la revista de Ana Rosa. Puede aparecer en cualquier lado.

Juan José Mediavilla

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