sábado, 15 de enero de 2011

Antes del futuro imperfecto

Antes del futuro imperfecto
Medardo Fraile
Páginas de Espuma. Madrid, 2010.
186 páginas. 16 euros.




Cuentos como los de antes, he oído por ahí. Y sí, son cuentos como los de antes los de Medardo Fraile (Madrid, 1925), pero eso es como no decir nada, sólo quedarse en los nombres, peculiares por antiguos (Gil, Quintín, Rafaela, Visitación, Parmenio, Inocencio, Obdulia,…), en la época de todas las historias y en el regusto de la prosa de Fraile. La verdad es que sí, que seguramente todos los cuentos sean “como los de antes”, que nada aporta a lo que ya habíamos leído de él, pero la verdad es también que todos ellos son de ahora, porque la sensación que dejan después de haberlos leído es que las cosas no han cambiado tanto, que, en el fondo todo es lo mismo. Las situaciones pueden ser las de hace cincuenta años (barberos que hablan de los que desertaron, familias que no se pueden permitir un sillón, niños de la escuela que aprenden la lista de los reyes godos) pero el fondo es el mismo, da igual la época. Fraile ahonda (sigue ahondando) en la condición humana y dignificando el oficio de escritor de cuentos.

Antes del futuro imperfecto viene a ser una coda a Escritura y verdad, volumen publicado en 2004 por la misma editorial, Páginas de Espuma. A lo que se presentó entonces como cuentos completos se le añaden ahora treinta más escritos por el autor madrileño desde entonces. Ya lo han dicho, no aportan nada nuevo, pero siempre es bueno encontrar en la librería cosas como esta.

El libro aparece dividido en dos partes. En la primera, titulada Antes del futuro imperfecto (Los cuentos de las aulas), nos encontramos con cuentos de otros libros que, ordenados, componen el paso por la escuela desde el colegio hasta la universidad. Solo cuatro narraciones de esta primera parte son nuevas. En la segunda parte, Fuera de sí (Cuentos del futuro imperfecto) tenemos los cuentos que Medardo Fraile ha escrito ex profeso para esta colección. En total, unas treinta narraciones que se separan un tanto de los temas y las estructuras típicas del autor.

Novedoso, o fuera de lo común en Fraile, es encontrar, en esta segunda parte, dos microrrelatos y el cuento que, a mi parecer, más se sale de lo escrito por el autor en sus demás colecciones de relatos, el llamado Culturalia (p. 163). El protagonista nos cuenta el cuento de un amigo, en el que la Academia sueca piensa en otorgar el Premio Nobel a Sócrates. Por su estructura y por su trama, esta narración es la que más se sale del Fraile al que estábamos acostumbrados.

También llama la atención del lector el titulado Play it again, Sam (p. 175), donde Fraile nos pone en la visión de un hombre que, como si de un cuadro de Magritte se tratara, ve a los demás como ataúdes. En Old man drive (p.179) el autor nos propone un viaje por las noches paranoicas de un solitario personaje. En éstos, Fraile olvida las estructuras que han sido seña de identidad en su literatura (presentación del personaje en una sola frase, nudo del cuento y final más o menos abierto) y el lector se sorprende con los nuevos giros y propuestas desconcertantes.

Por lo tanto sí, cuentos como los de antes, porque no cambia nada en Medardo Fraile. Los temas son los mismos, pero ese “como los de antes” no implica que la vigencia y la contemporaneidad de sus relatos hayan mermado. Impecable como siempre. Ahonda como siempre. No es nada como antes.

Juan José Mediavilla

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