domingo, 18 de septiembre de 2011

Richard Yates

 Richard Yates
Tao Lin
Traducción de Julio Fuertes Tarín
Alpha Decay. Barcelona, 2011.
229 páginas. 19 euros.



Una de las grandes apuestas de la joven editorial barcelonesa Alpha Decay para este año ha sido Richard Yates, anunciada y promocionada en los medios afines y criticada en múltiples páginas y publicaciones, con variedad en el juicio. Pareciera que los críticos se han dividido con este libro entre los que están a favor y los que están en contra, encontrando muy pocas reseñas que no sean impresionistas o se basen simplemente en juicios prestados. Han pasado unos pocos meses desde su publicación y la repercusión en el público lector no ha sido la que recibió, por ejemplo, la de Las teorías salvajes, novela insignia de la editorial en el pasado año. Si nos paramos un poco a juzgar la calidad literaria de la obra y a hacer contracrítica con las reseñas aparecidas, podríamos llegar a algunas conclusiones. Entre ellas, lo primer que cabe decir es que Richard Yates es una obra con muchos altibajos, pesada en muchos sentidos, aburrida y tediosa, poco interesante. Pero también es una novela que nos puede anunciar un futuro literario que, lejos de juzgar si es halagüeño o no, ya es presente y se tendrá que tener en cuenta en un futuro no muy lejano si queremos entender los caminos que va a tomar el hecho literario.

Una lectura de las reseñas publicadas sobre esta novela nos da una idea de lo que ha supuesto. Además de conseguir ser uno de los lanzamientos literario del año, demostrado por la cantidad de críticas publicadas; ha creado una controversia entre sus comentaristas –aunque prevalezcan las críticas que ensalzan la novela de Lin– que, si bien no ha beneficiado al lector, seguramente haya ocurrido lo contrario con las pretensiones de su editorial. Se echa de menos reseñas en publicaciones de relevancia que han obviado, no sabemos si premeditadamente o no, el comentario sobre la novela de Lin.

Haley Joel Osment y Dakota Fanning son los dos protagonistas de la novela. Sus nombres se van a repetir hasta la saciedad, ocho, diez veces por página los nombres completos escritos: «Dijo Haley Joel Osment»; «Dijo Dakota Fanning». Es horriblemente aburrido leer siempre lo mismo, debería ser la primera regla del escritor. Es tremendamente pesado leer siempre el mismo verbo, los mismos nombres, como una matraca que no para de sonar. El estilo es muy básico, la composición mínima y la novela se hace monótona y repetitiva. Es de suponer que el autor debe de tener más recursos que esos, pero que por hache o por be no los quiere utilizar. Dakota Fanning es una adolescente con problemas psicológicos, trastornos alimenticios, tendencias suicidas y problemas de autoestima que vive en una casa con su madre desquiciada y su hermano drogadicto. Por su parte, Haley Joel Osment es un joven diez años mayor que ella, escritor, indolente, hijo de su generación, como coinciden en describir todas las críticas que se pueden leer del libro, algo que habría que discutir muy seriamente. Con este panorama Lin (Nueva York, 1983) elabora una novela de trama bastante simple y hondo bastante básico. Si algo se sale de lo normal en esta novela es la puesta en escena, el ambiente artificial como de mundo vacío, gris y monótono. Una historia de amor loco y autodestructivo que apenas nos muestra los complejos y trastornos de los dos jóvenes. Una espiral en el que ella le cuenta a él sus problemas o sus frustraciones y él la apoya con consejos que uno daría a sus enemigos.

Lo mejor de la novela es la composición de los dos tipos, dos seres fieles reflejos de una generación perdida en el mar de la comida basura y los estímulos mal asimilados. Una generación de la que se sabe de su existencia por novelas de este tipo.

Entre lo que uno se puede encontrar leyendo reseñas sobre la novela en blogs, revistas y páginas de novedades literarias destacan sobre todo las alusiones al tiempo que les ha tocado vivir a nuestros protagonistas. Cabe decir que, si bien la época y la sociedad en la que se vive es un claro formador de la personalidad, podemos encontrar estos tipos en cualquier historia de la literatura de los últimos dos siglos. Eva González Vellón afirma que se puede resumir la novela en “Comer, vomitar, escribir correos, fiscalizar al otro; robar comida en Wal-Mart, quedar en el chat de Gmail, mentir”, y que lo repetitivo le resta valor a la narración, aunque esta prevalece. Por su parte, Claudia Aplabaza opina, en términos de Bauman, que lo que refleja la novela, además de una realidad específica de un tiempo, es la dificultad de la construcción del discurso dentro de la modernidad líquida, por lo que la novela encaja a la perfecci´pon en la contemporaneidad. Vicente Luis Mora dice que, lejos de crear unos personaes estúpidos, aunque pudiera parecerlo, Lin los pone en ituaciones íntimas donde “todos somos estúpidos”.  Pepe Cervera dice que la novela es un chiste muy largo, y que a él le gustan los cortos. MiloKrmpotic desmenuza la novela mostrando su desagrado en una de las reseñas mejor argumentadas que se pueden leer sobre este libro, aunque le meta más caña que las demás. La mayoría de las críticas sobre esta novela intentan imitar de una u otra forma el estilo de Lin, ensalzándola, como he dicho, en la mayoría de los casos, a una obra maestra del principio del siglo.

Sin ser una novela que deje indiferente, no creo que Richard Yates sea una novela que merezca ni los elogios ni los vituperios que ha recibido. La publicidad bien hecha de la editorial en los círculos apropiados ha hecho su trabajo. Como suele ocurrir con las novedades, y Richard Yates lo es en varios sentidos (narrativo, estilístico y creativo), la exageración está a la orden del día. Acudir a esta novela sin leer ninguna de las reseñas, comentarios y críticas escritas a propósito es el mejor consejo que se puede dar sobre ella.

Juan José Mediavilla
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