martes, 6 de marzo de 2012

El mapa y el territorio


El mapa y el territorio
Michel Houellebecq
Anagrama. Barcelona, 2011.
377 páginas. 21,90 euros.



Las novelas de Michel Houellebecq (Isla de La Reunión, 1958) no dejan indiferente a nadie. Después de unos primeros libros en los que se le acusó estar más pendiente de escandalizar que de componer una historia (si bien en esto tuvieron mucho más que ver los críticos y detractores que el propio escritor), no le hace falta ya justificarse ante nadie. Esta actitud ya se vislumbraba en anteriores trabajos, pero cada vez se muestra menos complaciente.

Las historias tienen todas varios puntos en común: personajes asociales y geniales, un futuro cercano y nada halagüeño, sexo y violencia, análisis del presente desde una perspectiva sociológica y profusión de datos (en los agradecimiento del final del libro reconoce haber tomado textos de la Wikipedia francesa para su elaboración). Esta historia tiene todo estos ingredientes. Los principales protagonistas son el pintor Jed Martin y el propio Houellebecq. La historia de Jed Martin es la de un artista que consigue un éxito fulgurante con su primera exposición individual y que le sirve al autor para analizar los entresijos del mercado del arte. Su relación casi inexistente con las mujeres o con su padre componen la personalidad de un artista genial, introvertido y que tiene las cosas claras en cuanto el éxito comercial llama a su puerta. Martin conocerá a Houellebecq cuando este tenga que escribir una reseña para su segunda exposición y entre ellos se formará una relación escritor-pintor en la que se entienden a la perfección, con conversaciones de largos silencios en las que el personaje de Jed demuestra una inteligencia que a Houellebecq le encanta. Parece que el autor compone a un amigo perfecto en el texto para, tal vez, suplir la imperfección del mundo real.

Es a partir de la tercera parte de la obra (se compone de estas tres y un epílogo) cuando la novela da un giro radical hacia lo policiaco, mientras la historia de Jed Martin se sigue contando entre líneas. El personaje de Jasselin, policía a punto de jubilarse, es lo más notable de esta parte del libro.

Houellebecq, en general, brilla más cuando analiza los tipos y movimientos de la sociedad actual que cuando emite algún juicio, que suelen ser maniqueos y algo simplistas. Lo mejor de la novela resulta ser la descripción de las obras de Martin, donde el escritor demuestra una gran inventiva y originalidad. Sin embargo, como ya nos viene acostumbrando Houellebecq, el final es atropellado y acelerado; el ritmo que venía siguiendo la novela hasta la tercera parte, se vuelve de repente más rápido y el tiempo del relato pasa a ser de cuarenta años o más.

Las obsesiones del autor vuelven a florecer en esta novela: la soledad, el futuro, la muerte y la aceptación del mundo como un todo caótico. El mapa y el territorio es la novela que se esperaba de un autor como Houllebecq.

Juan José Mediavilla
_

No hay comentarios:

Publicar un comentario