jueves, 25 de julio de 2013

29 cadáveres



29 cadáveres
Pepe Cervera
Menoscuarto. Palencia, 2013.
134 páginas. 15 euros.



Los ocho cuentos que componen 29 cadáveres narran, desde diferentes puntos de vista, historias criminales de asesinos en serie reales. Es la cuarta recopilación de cuentos de Pepe Cervera (Alfafar, Valencia, 1965), y con ella continúa jalonando una trayectoria narrativa que destaca por el estilo sobrio, el gusto por el detalle y la descripción de imágenes subyugantes para el lector.

Cervera no se detiene a examinar las razones que llevan a los personajes al crimen («Es difícil conocer con exactitud los pensamientos que se instalaron en la mente de Richard Trenton Chase»; p. 59), sin embargo, deja entrever algunos detonantes que levan a una persona a matar, como en el cuento “Noah Yates ya sabe contar más de 100”, donde describe el entorno de fundamentalismo católico de la familia protagonista. O en “Historia de un vampiro”, en el que describe la personalidad de los padres de Richard Trenton Chase, asesino en serie de finales de los setenta en Sacramento.

En general, son cuentos en los que el autor se recrea en las situaciones de violencia de manera detallada y fría, puramente descriptiva, dejando al lector sin respiración. Un claro ejemplo de esto es “Los últimos cinco minutos del último día en la vida de Rosalyn Marshall”, en el que dedica cuatro páginas a la tortura y la ejecución de la protagonista a manos de David Russell Williams. Otro ejemplo es el citado “Historia de un vampiro”, que casi es un reportaje periodístico, al estilo A sangre fría de Truman Capote. Notable es la narración en general, y sobre todo en “Un decorado perfecto para el verdadero Norman Bates”, donde el narrador omnisciente describe magistralmente la casa, la personalidad y la secuencia del último crimen del inspirador de historias como La matanza de Texas o  Psicosis.

Todos los protagonistas y crímenes son reales y, al final del libro, el autor añade un párrafo por cada uno de los personajes que han aparecido en los cuentos, con algunos datos más de lo que acaeció. Completa así las diferentes perspectivas y puntos de vista desde los que cuenta los relatos. En el que da título al libro, “29 cadáveres” el autor utiliza la prolepsis y la analepsis para describir los asesinatos del protagonista y el descubrimiento de los policías; en otros habla de la reinserción del criminal después del asesinato, como “En un hombre normal”; y, por ejemplo, en el último de la serie (“¡Al fin un mundo mejor!”) y en “Wonderful world” el asesinato es solo un apunte, una excusa para narrar otros acontecimientos.

El lector encontrará unos cuentos duros, con descripciones detalladas y ciertamente macabras. Un libro que nos hace tragar saliva en algunos párrafos y preguntarnos por la naturaleza del crimen y el asesinato. Cervera deja que sea el lector quien se plantee y responda las preguntas porque elige un punto de vista descriptivo y procaz en el que no caben los juicios de valor.

Juan José Mediavilla
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