miércoles, 17 de julio de 2013

Daniela Astor y la caja negra



Daniela Astor y la caja negra
Marta Sanz
Anagrama. Barcelona, 2013.
267 páginas. 16,90 euros.



Daniela Astor y la caja negra es una novela muy bien escrita. Marta Sanz (Madrid, 1967) es una escritora notable, cuya forma de narrar mezcla la libre asociación de ideas con la composición más clásica en una ejecución soberbia. Pero esto no es nada nuevo, sino algo que ya ha demostrado en novelas como La lección de anatomía (2008) o las novelas negras Black, Black, Black (2010) y Un buen detective no se casa jamás (2012).

Daniela Astor es el personaje creado por Catalina Hernández Griñán, la protagonista y narradora de esta historia que tiene once años a finales de los setenta del siglo XX. Daniela Astor es un personaje formado a partir de las actrices que en la época protagonizaron el cine del destape, el fantaterror y las españoladas. Es sofisticada y refinada, inteligente y bella. Es la aspiración de una niña que juega a que es mayor, actriz, tiene éxito, fama y aparece en las portadas de las revistas del corazón. Catalina es una niña que mira y escucha antes de hablar, que vive en un mundo de fantasía porque le gusta más que la realidad. Durante la primera mitad de la novela vivirá sin mayores preocupaciones, sin que nada le importe más que los juegos con su amiga Angélica en su habitación, donde son Daniela Astor y Gloria Adriano respectivamente.

La relación con su madre pasará de una especie de repulsión hacia la mujer de pueblo que la obliga a comer pescado rebozado, hasta la comprensión de que la mujer es algo más que el objeto de las portadas de las revistas, de la actriz desvalida. Todo ocurre a la vez que su cuerpo sufre las transformaciones de la pubertad y su mente y sus pensamientos van empezando a entender cosas que antes solo intuía y a intuir cosas que aprenderá después. La evolución de la mujer, la mirada a su cuerpo y el paso de la sociedad pacata del franquismo al onanismo del destape es el tema mejor analizado de la novela. Marta Sanz dedica a este casi todas las “cajas” de la novela: «Cabe la duda de si la coartada cultural, intelectual, sirvió para mostrar carne o mostrar carne fue un procedimiento de normalización y crítica de una sociedad mojigata y claustrofóbica. ¿Se arañaba la espesa capa del tabú o el tabú se engrandecía alimentando el morbo?» (p. 164)

Estas “cajas” son el documental que la narradora realiza en el tiempo presente, desde donde narra con cincuenta años de edad. Existe un paralelismo entre la parte del documental y la narración de la historia. Por ejemplo, el tema de la caja 3, el fantaterror español, se corresponde con el juego que las niñas inventan en la habitación unas páginas después. Son juegos de una fantasía desbocada influida por las películas que no les dejan ver y en los que demuestra una gran inteligencia.

Volvemos al principio. Una novela original y bien escrita. Una mirada a las miradas al cuerpo de la mujer y a su libertad para decidir dentro de un marco legal opresor. Un aviso, ya que estamos, de las calamidades que nos pueden pasar de dar marcha atrás en ciertas legislaciones que atañen de forma directa a la libertad para decidir de las mujeres.

Juan José Mediavilla
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