lunes, 28 de octubre de 2013

El sueño del otro



El sueño del otro
Juan Jacinto Muñoz Rengel
Plaza y Janés. Barcelona, 2013.
299 páginas. 17,90 euros.



El sueño del otro es una novela cuya más importante peculiaridad es la idea que le da origen, su argumento. Un hombre sueña la vida de otro hombre. Y viceversa. El juego está servido: quién sueña a quién, qué es realidad y qué no. El mayor logro del autor es precisamente ese: dar sentido literario a una idea bastante original y difícil de explicar, una idea ya esbozada en el cuento “La sociedad secreta del sueño”, incluido en su libro 88 Mill Lane. Y Juan Jacinto Muñoz Rengel (Málaga, 1974), experto en argumentos de desbordada y rocambolesca imaginación, como en su anterior novela El asesino hipocondriaco o en sus libros de relatos como De mecánica y alquimia, logra que el lector se quede con él hasta el final, que acepte el juego y que disfrute con él.

En los cuentos, Rengel nos mostró un estilo en ocasiones dudoso, en anacronismo con la etapa histórica en que acontecían los relatos (como un tono de novela negra para contar una historia del Toledo musulmán). En esta novela demuestra haber aprendido de sus ejercicios estilísticos y compone una obra seria en la que aparecen ecos de Saramago ―el motivo del doble: «Quizás todos vamos y venimos, y somos reemplazables. Copias y más copias. Es como si no fuésemos más que copias los unos de los otros, repeticiones secretamente conectadas» (p. 272)―, de Borges ―al igual que en algunos relatos del argentino como "El otro" o "Veinticinco de agosto, 1983", lo fundamental es averiguar si hay un solo hombre soñando o dos que se sueñan― y de la literatura fantástica.

Sin embargo, a poco que uno esté atento, se encuentran altibajos en la calidad de la escritura. A frases concretas y brillantes, ideas bien expresadas y subrayables, casi como versos («En demasiadas ocasiones lo que nos protege es lo que nos hace cautivos«, p.14; «El yo diseccionado», p. 158; «Los nuevos templos de la era moderna», p. 169; «la realidad y su afán de resistencia», p. 132"), se le unen otras expresiones menos certeras («capas y capas de legado cultural», p. 131). Son muchos más los ejemplos de lo primero, y eso, junto el ritmo de la narración, hacen de El sueño del otro un buen libro.

Las historias de los dos protagonistas se intercalan, capítulos impares para uno, pares para otro. A la insulsa vida de Xavier, profesor divorciado, se le contrapone la del hedonista cínico André, presentador de televisión. «Hace casi un mes que cada noche sueño que soy otro hombre –dijo–. No sueño con otro hombre, sino que yo soy ese otro hombre. Todas las noches, invariablemente, soy la misma persona. Una persona que no soy yo» (p. 52). Se produce así un solapamiento de personalidades dispares, en el que una vive a la otra, y lo que vive tendrá un trasunto en la vida real, en la no soñada. La trama se complica y se mezcla sueño y realidad, se buscan mejores respuestas. Para rematar, Rengel nos deja con un final lleno de dudas que consigue lo que se propone el autor desde el principio: que el lector dude de lo más básico, que se plantee más preguntas, que navegue por la realidad y por el mundo onírico como si fuesen un todo. Al final, tanto en los protagonistas como en el lector, queda únicamente la sensación de pérdida, de pavor psicológico: «Hay lugares de los que nadie puede rescatarnos. Lugares en los que, si se acaba fondeando, lo más sensato es reconocer cuanto antes que se está perdido. Del todo perdido» (p. 27).

Destaca más Muñoz Rengel en la composición de novelas (por lo menos en estas dos últimas) que en sus libros de relatos, en los que la extensión de las historias parecía comprimir y constreñir todo lo que puede dar de sí. En esta novela encontraremos muchos aciertos, ideas certeras, un estilo rápido y adictivo y un argumento original y bien compuesto. Se podría pedir más, como siempre, pero con eso basta. 
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