lunes, 25 de noviembre de 2013

La habitación oscura



La habitación oscura
Isaac Rosa
Seix Barral. Barcelona, 2013.
248 páginas. 18 euros.



Temas y tipos que se repiten en la literatura contemporánea: romeos y julietas en segundas guerras mundiales o en cualquier sitio, lolitas en realidades más o menos actuales, emmas bobarys en ciudades de provincias, quijotes, otelos, algún joseph k. y así un larguísimo etcétera. Por eso las novelas de Isaac Rosa (Sevilla, 1974) causan en el lector tan profunda impresión. Se trata de planteamientos novedosos y situaciones nuevas, nuevos temas y nuevos mitos para una nueva era. En su anterior novela, La mano invisible (2011), planteaba formas de narración nada clásicas, una serie de sujetos a los que veíamos trabajando y en el que apenas había una historia en el sentido estricto del término, pero sí conflicto, drama.

En La habitación oscura un grupo de jóvenes acondicionan un cuarto para tener momentos a oscuras. Una forma de evadirse del mundo que les rodea y pasar tiempo en el anonimato que da el silencio y la oscuridad. Una forma de divertirse, de estar juntos en una época mejor, en la que eran más jóvenes y su vida se asemejaba a una comedia; la juventud como una sit com (como la describe el autor en las pp. 50-52, con risas enlatadas). También una forma de compañerismo juvenil, de ser diferentes al resto y fundirse en uno: «una mezcla de todos los cuerpos en uno solo monstruoso que se masturba con varios brazos y se lamía a sí mismo, un solo cuerpo tentacular que desplazaba todos sus brazos y piernas arrastrándose como un insecto gigante hacia el fondo de la habitación y al llegar a la pared rebotaba para recorrer el suelo hasta el otro extremo en un rodar de huesos encajados» (p. 29).

Al final, la habitación oscura termina siendo un lugar donde esconderse. Cuando la realidad y el tiempo golpean, y la situación social se termina convirtiendo en la prueba del engaño, que de todo lo prometido solo quedan las ruinas de lo que fuimos: «Qué lejos aquellos días en que nos creíamos inmortales, en que paseábamos por la ruina como turistas» (p. 226). Las historias de los protagonistas son actuales y el lector las reconocerá enseguida: despidos, desahucios, infidelidades, banqueros despiadados, empleados obligados a hacer de todo, el miedo a la desaparición de lo que se ha conseguido, la pérdida de la intimidad en una sociedad informatizada, etc.

Literariamente, la habitación no deja de ser una metáfora del lugar seguro, del útero cómodo donde reposar: «seguramente habríamos encontrado otros escondites, cada uno cava su agujero como puede, donde puede» (p. 158). Un lugar para no ser nada. Cabe, además de esto, mencionar el examen del silencio y la oscuridad como motivos literarios, que Isaac Rosa sabe aprovechar a la perfección para aunar el tema con la forma.

Los temas básicos que trata el autor en esta nueva novela son tan extemporáneos (pese a que coincidan con los de la actualidad informativa sobre la situación económica y social y a que sean una de las bases en la que se asienta la historia) y están tratados de forma tan magistral que en el lector causarán una suerte de empatía en la que se reconocerá. Se encontrará en una novela que le habla de motivos cercanos y universales: la transgresión por el sexo, el engaño de la realidad, la llegada de la edad adulta, la constatación de la inutilidad de casi todo y de la fugacidad de la vida.
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2 comentarios:

  1. Se recomienda no tratar al autor por el apellido porque se considera una falta de respeto: «Los temas básicos que trata Rosa (...)». ¡Qué bien escribes! Gracias por la recomendación. Un saludo.

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  2. Hola Juan José:
    Tus lectores echamos mucho de menos tus reseñas... ¡Ojalá actualices pronto de nuevo!! Por ejemplo, si te parece, con el comentario de alguno de los libros de Eloy Tizón..."Técnicas de iluminación" o "Velocidad de los jardines"... O con lo que tú quieras, que elijas lo que elijas, tus textos son siempre soberbios.
    Quedamos en espera de la mejor crítica literaria y novedades :-)
    Un abrazo,
    María Jesús Bernal

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