jueves, 5 de febrero de 2015

Nubarrones



Nubarrones. Breviario intermitente
Enrique Lynch
Editorial Comba. Barcelona, 2014.
478 páginas. 21 euros.



Que en la época del pastiche se publiquen glosarios, diccionarios selectos, bestiarios filosóficos, o como lo queramos llamar, no debería sorprendernos, más bien debería ser el género literario más fecundo que existiese; una especie de guía para que los más avezados vayan conociendo los senderos de la existencia, recuerden los del pasado y no se olviden de nada en el camino. Las formas literarias, los géneros, son producto de los tiempos en los que surgen y en los que sobreviven. La novela, la narrativa, el teatro, la poesía se van retorciendo y exprimiendo continua y estéticamente en un momento en el que nadie debería preocuparse por purezas, por esencias primigenias o por cánones. La labor del escritor está en transgredir géneros, en elevarse por encima de ellos, en utilizarlos con inteligencia para transmitir su lenguaje. 

Nubarrones pertenece a esas obras en las que al lector le dan la oportunidad de hacer del ejercicio de la lectura una tarea más que digna. Enrique Lynch (Buenos Aires, 1948) presenta un compendio bajo el nombre de breviario en el que encontraremos, ordenadas alfabéticamente, entradas variadas y seleccionadas por el autor. Se trata de una composición libre de temas y de épocas en la que el autor va reflexionando, haciendo literarias o simplemente recordando palabras, términos, conceptos, fechas históricas, períodos del arte, personajes y así un largo etcétera. 

A veces, las entradas podrían considerarse un simple ejercicio literario, un microcuento, como la que se refiere a Semanas: « Pasan una tras otra las semanas y se van acumulando inexorablemente y llegan los meses y de pronto los meses se cuentan en años…Un día me levantaré y comprobaré con tristeza que todo lo que me mantenía unido a ti se ha quedado mustio, deslucido e insignificante como esa mascarilla de bronce expoliada de una oscura tumba de la vieja Etruria, que me mira con sus ojos muertos desde una vitrina cualquiera en la National Gallery» (p.385). Otras veces sin embargo, se trata de breves ensayos en los que el autor demuestra su formación como filósofo y esteta, preguntándose por el yo, el tiempo, el signo, el amor, el cuerpo. Las referencias son enormes en cantidad y calidad: Coetzee, Valéry (que está presente desde el epígrafe que abre el libro y nunca se irá), Wittgenstein, cine, cultura popular, música de todas las épocas, nada escapa a Lynch, nada queda sin referencia de algún tipo, siempre bien traída, siempre oportuna y reflejo perfecto de lo que busca. Las más de las veces no cabe la pregunta sobre el género o la naturaleza de lo que estamos leyendo

Por eso, simplemente leamos. Esas preguntas son espurias. En Nubarrones encontraremos respuesta a otras que ni siquiera sabemos verbalizar. 
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