lunes, 30 de marzo de 2015

Blitz



Blitz
David Trueba
Anagrama. Barcelona, 2015
166 páginas. 16,90 euros.


La composición de historias de David Trueba (Madrid, 1969) roza la perfección, tanto en los guiones de cine como en el puñado de novelas que ha publicado. Si en Saber perder nos ofrecía una historia poliédrica en la que cuatro historias se iban concatenando para un tema común, o en Cuatro amigos componía una novela memorable sobre la amistad, ahora, con Blitz da una nueva demostración de buena construcción de historia.

Es esta una historia sobre la madurez y el curso de la vida. Beto, el protagonista y narrador, arquitecto de jardines dedicado únicamente ―debido a la crisis― a presentar proyectos casi irrealizables a concursos, viaja a Munich con su novia para presentar uno de estos. Allí, su relación se precipitará al vacío y se verá, de repente, solo en una ciudad extraña en la que solo consigue ayuda de una mujer de sesenta y pocos años que conoce en el congreso. Beto, treintañero y eterno adolescente; y Helga, la mujer que termina serenamente su edad adulta. Ellos dos son el eje central de la trama y de los temas que nos propone Trueba.

David Trueba se acerca a éstos de forma personal y sin complejos: la belleza y el paso del tiempo (De joven se es joven, la belleza transita por otro carril», p.50), la edad como estaciones, el amor («El amor es siempre infantil», p. 57) el crecimiento personal, la consecución de la madurez, son estos temas generales en la novela, más allá del tiempo en el que nos la sitúa, el nuestro, un tiempo de crisis de todo tipo en el que todos tenemos miedo y nos guarecemos en burbujas perfectas. Blitz es una novela sobre arrastrar lo que dejamos atrás, sobre el volver a empezar.

Otro de los temas básicos de la novela es el de la vida, y en especial la contraposición entre lo que se vende como realidad y lo que realmente es la realidad. David Trueba ensaya una y otra vez esta diferencia entre la vida plástica y acomodada que nos rodea (en la publicidad, en los medios, en el urbanismo, que es a lo que se dedica el protagonista). Para muestra de esto, solo hace falta leer la retahíla de lo amable que se nos ofrece y el choque inevitable con la realidad, siempre traumático, siempre impredecible. Después de esta lista, el narrador concluye: «La realidad reducida a lo asequible como una pantera reducida a un gato doméstico» (p. 102).

Al final, David Trueba es de esos autores que intentan respuestas generales con sus historias. Y nos las da, y de la manera más sencilla y práctica: «El sentido de la vida es vivir siguiendo el sentido de la vida» (p. 97).
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