jueves, 28 de julio de 2016

Señales de humo. Manual de literatura para caníbales I



Señales de humo. Manual de literatura para caníbales I
Rafael Reig
Tusquets. Barcelona, 2016.
375 páginas. 19,50 euros.



Hace unos años Rafael Reig (Cangas de Onís, Asturias, 1963) nos presentó un Manual de literatura para caníbales (2006) en el que, con un estilo tan divertido como elevado, hacía un recorrido en clave de humor crítico de la literatura española de los siglos XIX y XX. En este caso el narrador es Martín, catedrático de instituto interno en un psiquiátrico (o en varios), que tiene la capacidad de viajar en el tiempo, meterse en la piel de personas de otros siglos, vivir en otras épocas y lugares. El tiempo de la narración va desde la aparición de las jarchas hasta la muerte de Carlos II en 1700. De esta forma, se nos invita a un recorrido por la literatura española y aledaña que será para el lector un camino lleno de maravillas, mentiras y verdades.

La narración es caótica y aparentemente desordenada. Ya desde el primer capítulo se mezclan ―incluso en el mismo párrafo, en un alarde de control y buena prosa― las narraciones de los personajes en los que se mete el protagonista, los recuerdos de su propia vida, los discursos de sus clases de instituto, las réplicas de sus alumnos, las reflexiones sobre el ser humano y la historia que lo enlaza todo.  Estamos ante un ejemplo maravilloso de eso que se ha venido a llamar literatura híbrida ―en este caso entre la novela y el ensayo― tan bien prefigurado y ejecutado que hace suyas las máximas horacianas y las transforma en un manual novelado, una suerte de novela ensayística, un perfecto ejercicio de literatura.

El libro, pues, rebosa libertad narrativa, erudición, inteligencia y buen humor, que es la única forma de ganar esa guerra civil planteada entre la literatura culta y la literatura popular, entre la alegría y la pasión, entre el amor real y el amor cortés, sufrido. Un materialismo dialéctico que es la base para la reflexión y el punto de vista que toma el autor, su marco de movimiento. Rafael Reig hace de la historia de la literatura una cronología de luchas y batallas perdidas por los que reflejan la realidad y los intelectuales que se adueñan de esa arma tan poderosa que es la palabra. Puede parecer maniqueo, pero es efectivo y tiene la capacidad de contar las cosas desde una perspectiva que hará que el lector se plantee la historia de la literatura española de otra forma. «El combate se libra en el campo de batalla de las representaciones imaginativas: quiénes creemos que somos, cómo nos contamos a nosotros mismos quiénes somos y lo que nos sucede, qué imaginamos que nos está pasando. En otras palabras, la historia de la literatura» (p. 49). Esta es la lucha: el control de esas representaciones imaginativas.

Pasajes memorables como la explicación de la literatura como Archivo General de Emociones, la comparación de la literatura petrarquista o la poesía de Garcilaso con las canciones pop, el rescate de Francisco de Aldana como el gran poeta del siglo XVI, el sublime homenaje al Lazarillo desde el punto de vista del arcipreste del final de la obra, y así un largo etcétera, y César Vallejo sobrevolando constantemente con sus versos durante todo el libro. Toda la novela de Rafael Reig es afecto y respeto por la literatura española, que no es más que eso, literatura, una forma de explicarnos a nosotros mismos.

La lectura se hace, en momentos, tan fluida y natural, tan reveladora, que no nos cabe duda de que estamos ante uno de los mejores escritores españoles de la actualidad, algo demostrado de sobra en otras novelas como Todo está perdonado (2011) o Lo que no está escrito (2012). Inteligente, divertido, caótico y ordenado a la vez, defensor de la alegría, todo lo que debemos pedirle a un buen escritor. Que además nos muestre en ocasiones el alma humana desnuda, que haga tamaño homenaje a los grandes autores de la literatura española y que defienda que esa literatura no es (o no debería ser) otra cosa que la vida, es un regalo añadido que agradecemos profundamente.

Señales de humo es todo un homenaje a la literatura y al único amor verdadero. Es una demostración de conocimiento y de capacidad para las conexiones y la comprensión. Es un magnífico manual de literatura española, además de un alegato en contra de tanta, en palabras del autor, plaga de petrarquismo bubónico, de esa invención que es la intelectualidad.
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